sábado, 18 de octubre de 2014

INFORMACIÓN

LITERATURA
PREMIOS OBTENIDOS:
Relatos del Realengo. Concurso La Edad de Oro. (Publicado Gente Nueva). (Nacional)
El Cuarto. Concurso Cuento Revista Columna. Publicado. (Provincial)
El Guerrillero. Concurso Aniversario Revolución. Publicado.
MENCIONES:
Una Historia Real. Concurso La Edad de Oro. (Nacional)
Un soldado llamado Juan Ramírez. Concurso La Edad de Oro.
Fundador y director artistico de la Revista Columna - He publicado en las revistas Bohemia, Romances, Caseron y Mambí de España. Asi como en los periódicos Granma, Sierra Maestra, Juventud Rebelde y Ahora.

NOVELAS 
A DOS MANOS - VENGANZA - GUANCHO 1895 - 1898 - EN BUSCA DEL CARPINTERO REAL - EL COFRE DE LA FANTASÍA - CONTRA EL INVASOR - EL FRONTERIZO
CUENTO
    Aún en la cama, estiré los brazos holgazaneando un poco, bostece y me dispuse a levantarme. Eran aproximadamente las nueve de la mañana. Con un movimiento rápido gire y quede sentado en el borde de la cama, a tientas y mientras me pasaba las manos por el pelo, busque las chancletas, metí los pies y fui a levantarme. 
   Detuve el movimiento. Ahí, frente por frente a mi, sin moverse estaba ella. No me atreví ni a moverme, por mi mente pasaron mil y un pensamientos. Ella, ni se movía. Su mirada fija en mí, atenta, esperando cualquier movimiento mío para atacarme.
  Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Aquello no podía ser verdad. ¿Qué hacer?. Me pregunte. Tal vez lo mejor sería levantarme y atacarla, tomar yo la iniciativa. Quizás la solución sería hablarle para entretenerla mientras buscaba la manera de poder darle un golpe mortal. Reaccione, un golpe mortal, no, no podría, no tengo valor suficiente para hacerlo.
   Mientras todas estas cosas pasaban por mi mente, ella seguía ahí, sin moverse, mirándome como diciendo, atrévete, ha llegado tú hora. 
   Analice la situación, yo estoy sentado en el borde la cama, ella justo a unos dos metros de distancia, un metro más atrás la puerta del cuarto. Después el salón y la puerta de entrada. La habitación era pequeña, y la única forma de salir, era enfrentándola. Lo repace todo de nuevo. Si me levanto y camino hacia ella, pueden ocurrir dos cosas, una que me ataque, y otra que se asuste y retroceda. Suponiendo que haga lo segundo, intentará salir del cuarto, lo que me permitiría llegar al salón, buscar con que defenderme y atacarla.
   ¿Y si opta por la primera opción?. O sea, atacarme. No, no, si lo hace y llega a tocarme ahí mismo me da el infarto.
   No lo entiendo, yo soy capaz de enfrentarme a cualquier peligro, como ahora puedo ser tan cobarde. Tengo que sobreponerme, no me puedo dejar vencer tan fácilmente. Me dije tratando de darme ánimos, Y lo logre.
   Respiré profundo, cerré los ojos por unos segundos y los fui abriendo lentamente, por si había sido un mal sueño y ella no estaba ahí. ¡Si estaba!. Y no tenía la menor intención de irse. Volví a respirar profundo, ya ha pasado mucho tiempo, tengo que hacer algo, no voy a estar toda la mañana sentado en el borde la cama. La miré fijamente y ella a mí. Moví los pies dentro de la chancleta, coloque las dos manos sobre la cama y con movimientos muy lentos, me fui levantando. Ella ni se movía.
  Sin hacer mucho ruido moví el pie derecho. Ella seguía ahí, vigilando cada uno de mis movimientos, ahora el izquierdo. Recorrí medio metro, de ella, ahora solo me separaban metro y medio. Fui a dar otro paso, ella camino hacia mí. Me detuve, esto no estaba en mis planes, hacia lo contrario de lo que yo quería. Sin levantar el pie derecho lo corrí hacia delante. Ella retrocedió. ¡Así, así, un poquito más!. Hice lo mismo con el pie izquierdo y ella volvió a retroceder. ¡Sigue, sigue!... ¡Lo estoy logrando, lo estoy logrando!. Hice un movimiento brusco y ella, ahora asustada y sorprendida corrió hacia la puerta y salió al salón buscando protección. ¡Ya!. Grite.
   Ella al escuchar mi grito, asustada, siguió corriendo hacia la puerta de entrada, yo viendo que ganaba terreno salí al salón, cogí lo primero que encontré a mano, era un pequeño jarrón y volví a gritar: ¡Ahora te teca a ti!. Ella se detuvo un momento, después, al verme avanzar corrió hasta la puerta de entrada.
-Armando… Armando… ¿Qué te ocurre?. – gritó desde afuera mi vecino.
-Nada, es…
-¡La tengo!...
   A mis oídos llegó un golpe seco y algo que reventaba. Corrí a la puerta. Abrí, y allí frente a mí Joaquín, el vecino, mirándola a ella. Estaba en el suelo, aplastada, aún así movía sus antenitas negándose a morir. Mi vecino sin inmutarse volvió a pisarla.,El plaff lo sentí ahora dentro de mi.
-No me vas a decir que los gritos eran por la cucarachita… - preguntó riendo el vecino.
-Pues, si… ¡Les tengo pánico!...

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